El autor no se solidariza
necesariamente con el
tercer párrafo del post.
Muy feliz me voy a la universidad, sonriente de oreja a oreja pues termine acabar mi trabajo por el cual había perdido una noche entera y, además, sacrificado una clase con uno de los mejores profes de la Facultad. Como de costumbre encendió el mp4 y me propongo a escuchar lo mismo de siempre. Ahí radicaba el problema. En un día tan feliz, ¿porqué tener que escuchar lo mismo de siempre? Esto es electrónica, rock y pop. Me armé de valor y cambie al formato de radio. Me vino un ligero miedo a mi cabeza. ¿En que mundo me estaba metiendo? ¿Saldría vivo de ahí? ¿Sería igual a cómo era en ese momento, antes de escuchar radio? ¿Cambiaría mi estado de animo a mal en vez de animarlo más? La respuesta estaba a un click (suena trillado ahora, pero tenía que utilizar ese término tan, tan, tan… peculiar).
La primera tarea era buscar la radio. La calcomanía de la ventana me sugería radio Q. Sabía de que se trataba, pero aún no me sentía preparado. Opte por Radiomar (categóricamente superior, ay que rico!). Pero, ¿Radiomar no es salsa? ¡Salsa! Uno de los ritmos de los que siempre he corrido, por motivos varios, el principal de ellos es que no sé como bailar una pieza. Esa siempre ha sido mi debilidad en las fiestas: no poder bailar salsa. Anyway. El caso no es que la odie, la tolero pero no soy de tenerla en mi mp4 o escucharla seguido, salvo casos excepcionales. Marc Anthony, por ejemplo. Me parece que es un artista logrado, además que muchas de sus letras coinciden con experiencias mías. La primera canción que escuche fue la magia de tus quince años. No sé si se llamara así en realidad, pero ese es el coro. Me gustó. La había escuchado antes en mi casa por mi hermana que es salsera a morir, como muchos (pocos) amigos míos. El ritmo, la música, no sé. Me atrajo bastante. Y seguí con esa radio en todo el camino. No recuerdo que canciones más pasaron, pero el ritmo pegajoso, con múltiples variantes, desde salsa cubana, salsa dura, salsa sensual, salsa nacional, cautivaron estos oídos no acostumbrados a escuchar a un sonero más de dos canciones seguidas.
Esperen, ¿yo estaba escuchando salsa? What! Si la salsa es, como decirlo, ummmm ¡es de barrio!(u_U). La salsa me trae a la mente Callao, La Victoria, Rimac, choros, callejón, jeringas, reggaeton, por último, ¡el barrio! No cabe duda que es un género propio de los sectores menos productivos de la sociedad. Pero a su vez de gran arraigo entre las clases emergentes, por algo es que ahora existen grandes salsotecas, para un público determinado. Vale decir, el boulevard de Los Olivos es una calle entera con salsotecas natas, que por ahora comparten espacio con la cumbia (que no es lo mismo que la salsa). No pretendo afirmar que todo lo ligado a los sectores populares sea malo o falto de méritos. Pero nadie negará que en la sociedad peruana, donde la función estereotipo dime que escuchas y te diré quién eres, deslindarse de algunas cosas ayuda mucho.
Ese era yo un año atrás. Ahora la tolerancia volvió a mi. Respeto a las personas que escuchan salsa. Admiró a personajes como Celia Cruz, Hectot Lavoe, El Gran Combo, Marc Anthony, entre otros, pero no pasará siempre de una simple curiosidad pícara. Yo también he cantado El águila de Manolito y su trabuco, pero estaba ebrio y no es común. Hay cosas que no se dicen, sólo se piensan (y a veces se escriben).
P.D. En serio si me gusta el águila (xD).




