Una simple y nada despreciable papa rellena. En realidad no es nada simple. Resulta ser una de las papas más gigantescas que he podido ver en mi vida a un módico precio, muy por debajo del promedio de la cafetería de la Facultad, una de las mejores en la universidad. Acababa de salir de un examen y planeaba irme a mi casa (mi jato, mi jaula, whatever). No asistiría a la clase del profe de práctica pues la verdad, debo admitir, el curso esta sencillo y ando medio botado con él (xD). Dos amigos más nos iríamos, pero uno más nos pidió que lo acompañáramos a almorzar pues el si se pensaba quedar. Como no quería gastar, solo pediría un “piqueo”, y aunque quienes han probado esa papa saben que es un almuerzo entero, no quería más.
Como es de conocimiento público, la Eurocopa está en cuartos de final, medio Lima (osea toda la masa viril, descontando a los falladitos) está prendida de canal 9 y sus transmisiones. Yo no. Mi papá fue el mejor jugador que su pueblo haya conocido, incluso hasta muy mayor él. Mi madre fue casi seleccionada nacional de voley, sino fuera por su madrina que le reprimió sus deseos. Pero yo, el hijo mayor de una familia deportista, no juega ni le gusta el futbol. ¿Por qué? Aún no lo he descubierto. Podría tener miles de excusas pero bueno, la cuestión es que no me gusta. Lo mío siempre fueron los fierros y los libros (aclarando de antemano que si tuve un pasado nerd, I admited!!!). Al menos en el fútbol nacional, no me inspira ninguna atracción. Prefiero mil veces una película, una serie o ¡hasta ver la tinka!, antes que ver un partido del descentralizado. Pero hoy no paso lo mismo.
Algunas veces los encuentros del seleccionado rojo y blanco (una descripción al puro estilo de Eddie Fleischman – ¿así se escribe no? xD) me despiertan una cierta algarabía, que atribuyo al hecho de que juega el representativo nacional (una vez más esos términos a lo Eric Osores), y el nacionalismo nato (hipócrita en la mayoría de gente) me aflora y disfruto esos partidos. Vale decir que no son muchos, por patéticas razones.
El caso es que mientras disfrutaba de mi sabrosa y bien potente súper papa rellena con una porción de arroz (retaipa!), estaban jugando Turquía versus Croacia y, como era de esperarse, todos pendientes. Pero, ¿por qué tanta emoción? Fue mi inocente pregunta. Y vinieron las razones. Entre muchas (muy tontas algunas), la principal es, según ellos, que ambos equipos son “guerreros” y siendo cuartos de final, el partido será a morir. Y en realidad lo fue. Nunca había visto antes un desempeño y calidad como es antes ( lo digo por mi poca experiencia en el rubro). La emoción que vivían ambos equipos se transmitían muy bien por la pantalla. Vale decir que yo lo sentí. Esa pasión, esa garra, esa emoción fue inminente. Terminó el partido y quedaron cero a cero. Se fueron a tiempo suplementarios y yo había terminado mi papa. Salimos y fuimos a la casa de una amigo que vive cerca. Yo jamás me hubiera imaginado buscando un lugar para terminar de ver un partido ¡ni siquiera verlo! Pero así es el fútbol (el europeo, u_U).
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Un quiosco. Desde que lo atiende un pata, no hay día que su televisor deje canal 9. Pareciera que fuese el único canal que decepciona. Pero todos estaban ahí. De todas las sangres reunidos para terminar de ver el partido. Falta 2 minutos para que acaben el tiempo adicional de 30 minutos. ¡Gol! Croacia anota. La hinchada de todo el mundo se levanta por la emoción de un gol cuando todo se veía perdido. Croacia esta a punto de abrir a sus puertas a la victoria. El tiempo concluyo pero otorgan uno más adicional. Turquía anota. Conmoción total. Se van penales. Hay más gente alrededor mío, llamados por los gritos de euforia. Se van a penales. Falla Croacia. Anota Turquía. Las dos siguientes ambos anotan. Croacia falla de nuevo. Turquía vuelve a anotar. Toda queda en manos de un pelado croata. Falla. El partido ha concluido (y eso que eran cuartos de final, xD).





